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La importancia del fallo I. Compartiendo experiencias

La importancia del fallo I. Compartiendo experiencias

Creo sinceramente que vivimos en un mundo tan dinámico y cambiante que perdemos la perspectiva con mucha facilidad de lo que hemos conseguido hasta ahora. Nos acordamos con mucha frecuencia de la compañía telefónica por no tener cobertura 4G en el pueblo para poder ver la serie que nos gusta en el móvil, de la compañía aérea por el retraso del avión de más de 2 horas para hacer un vuelo transoceánico, e incluso nos quejamos porque los ascensores del hotel de 4* que hemos reservado tardan más de 2 minutos en llegar al piso 18 en el que tenemos la habitación.

Hardy Cross desarrolló el método de cálculo de distribución de momentos que lleva su nombre en 1930, es decir, ¡hace 88 años! Menos de un siglo hemos tardado en pasar de resolver estructuras con métodos empíricos, ecuaciones sencillas y cálculos manuales a desarrollar estructuras tan complejas como el Burj Dubai, el Taipei 101, el viaducto de Millau o el puente sobre el río Basento de Sergio Musmeci. Si tenemos en cuenta que las primeras calculadoras manuales con potencia suficiente para los cálculos estructurales se empezaron a vender en 1972, y que los ordenadores personales con capacidad para resolver todos los cálculos derivados del método matricial de rigidez no estuvieron implantados hasta bien entrada la década de los 80, podemos considerar que lo conseguido en los últimos 50 años en el campo de la ingeniería estructural es algo inimaginable en la mente de aquellos pioneros que se atrevieron a proyectar y construir los primeros puentes de hierro tras la revolución industrial y el desarrollo del ferrocarril.

Realizo este ejercicio de autocrítica porque he sido el primero en quejarme cuando mi pc se quedaba “colgado”, o cuando tenía que correr una noche entera un programa para calcular los esfuerzos en mi modelo de barras, placas y muelles. A veces no nos damos cuenta de que la tecnología que nos rodea es eso, simple (está claro que no tan simple) tecnología que está ahí para hacernos la vida más fácil, que no siempre estuvo ahí y que eso no impedía que las cosas se pudieran hacer.

Nadie nos garantiza que todos nuestros proyectos, cálculos y diseños sean perfectos

Las pirámides están en pie, los viaductos romanos siguen asombrándonos y las catedrales románicas y góticas continúan transmitiendo ese ímpetu humano de querer acercarse a Dios. Si todas esas maravillas fueron construidas por el hombre mucho antes de que viviéramos pendientes de la señal del WIFI del hotel, fue gracias a la capacidad de aprender de los errores cometidos por aquellos y otros antes que aquellos. Sólo podemos hacernos una idea de la cantidad de arcos que se derrumbaron, paredes que cedieron, piedras que se rompieron y maderas que se quebraron durante la fase de construcción de cualquiera de estas maravillas del mundo antiguo. Pero es gracias a todos esos fallos que hoy podemos contemplarlas, estudiarlas e incluso imaginarnos cómo eran en su máximo esplendor. Gracias a esos fallos y a la transmisión del conocimiento adquirido entre generaciones de artesanos, maestros y capataces.

Éste no es un post sobre la importancia de conocer cómo funciona la herramienta de cálculo para saber diseñar correctamente. Creo que es algo de sobra conocido y la red está llena de ejemplos, posts, artículos e incluso blogs completos dedicados a algunos programas comerciales que explicarían mucho mejor este punto. Pero sí me gustaría ayudar a difundir y promover la cultura de compartir conocimiento y experiencias aprendidas. Como decía mi abuela: “En este mundo nadie nace aprendido”. Todos necesitamos aumentar el peso de nuestra mochila intelectual y el que esté libre de fallo que tire la primera piedra.

Nadie nos garantiza que todos nuestros proyectos, cálculos y diseños sean perfectos. A aquellos a los que no les haya ocurrido nada hasta ahora les sonará alarmista, pero ni siquiera ellos pueden afirmar que TODO lo que han diseñado no contenga ningún fallo. Es muy probable que sean fallos estéticos, que no afecten a la seguridad, o que sean fallos que queden ocultos tras los coeficientes de seguridad exigidos por las normas. Estos últimos casos son aún más peligrosos pues podría llevarles a pensar que repetir su último diseño sería satisfactorio para el proyecto, entendiendo satisfacción del proyecto como que la estructura aguante para su uso previsto, e incluso intentar optimizarlo pasando por alto el fallo original y gravando sus consecuencias. Los fallos nos hacen replantearnos todo, desde nuestra percepción del proyecto, nuestra capacidad de cálculo, nuestros programas de apoyo hasta las normativas en las que nos basamos. Como ejemplo no hay más que ver la evolución en el tiempo de las normativas de construcción sismo-resistente, en constante evolución tras cada desastre. En España estará al caer la inclusión de las lecciones aprendidas tras el terremoto de Lorca de 2011 (resistencia y estabilidad de los elementos no estructurales, nueva definición de aceleración, inclusión de características geológicas locales en los acelerogramas de diseño, etc.)

Estoy de acuerdo en que es mucho más fácil criticar una estructura que ha fallado que alabar una estructura que funciona correctamente. Ningún técnico mira un edificio hoy en día y da valor a que las armaduras estén colocadas según indicaciones del proyectista o a cómo se ha resuelto la unión pilar-viga en voladizo o al proceso de tesado de la estructura. Sin embargo, tanto valor tiene lo uno como lo otro. Quizás pueda parecer que se hace escarnio público del ingeniero a través de la crítica del fallo, pero si el análisis y la crítica son honestos, surge una gran cantidad de conocimiento que merece la pena ser compartido para hacer avanzar la profesión. Especialmente ahora que los “expertos” sobre cualquier tema abundan y se crean corrientes de pensamiento de manera viral, se hace necesario tener la cabeza fría para poder analizar objetivamente y libre de cualquier prejuicio las causas de los fallos. Por supuesto que la prensa y las redes sociales estarán esperando una cabeza de turco siempre, pero debería ser deber del ingeniero esclarecer las causas de los fallos y aprender de ellos.

Cubierta inflable del estadio Metrodome en Minnesota

Incluso si lo afrontamos desde un punto de vista egoísta, se corre el peligro de que fallos ya conocidos y estudiados por terceros, pasen desapercibidos ante nuestros ojos por el simple hecho de no haberlos compartido en su momento. La nuestra es una profesión de preguntas, de preguntarnos qué puede salir mal en el proyecto, qué acciones pueden afectar a la estructura y qué grado de fiabilidad le vamos a dar al constructor y/o a los materiales empleados. Si lo pensamos fríamente, hoy en día con la cantidad de variables que manejamos, el número de posibilidades de que algún factor se nos escape por ignorancia, negligencia o atrevimiento es elevadísimo.

Las consecuencias de un fallo estructural pueden ser catastróficas no solo desde el punto de vista económico sino humano. Me gustaría recordar el ejemplo del accidente de la atracción “Péndulo” en el parque Tibidabo de Barcelona en Julio de 2010. Una chica de 15 años murió y dos resultaron heridas tras ceder la base de la estructura.


El Péndulo antes y después del accidente

El informe pericial y el del colegio de Ingenieros Industriales de Barcelona determinaron que el accidente se debió a una serie de factores concatenados, pero ambos coincidieron en señalar el fallo de diseño y cálculo de los pernos de anclaje al no considerar efectos de fatiga sobre la vida útil de los mismos. Me ha sido imposible encontrar alguno de estos informes, pero casualmente sí que he podido ver un proyecto fin de Grado de David Carretero Alfaro del año 2012 en el siguiente enlace. Es una lástima que el trabajo desarrollado y presentado por David no pueda ser confrontado con los documentos oficiales presentados en el juicio. Bajo mi punto de vista es una oportunidad perdida para establecer unos criterios firmes, conocidos y probados para evitar estas desgracias en el futuro y las consecuencias sobre sus actores implicados (10 ingenieros y técnicos fueron condenados por este hecho). Como se decía en aquella serie “un poquito de transparencia, por favor”.

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About Álvaro Pérez Garay

Ingeniero Industrial con especialidad de estructuras. Cuanto más leo, más dudo.

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